Semana 37
Lo que ninguna lista puede prepararte para vivir.
¡Hola, Tribu! 📩
El coche está listo. El portabebés ya está armado. La pañalera y nuestra maleta para el hospital ya están en la sala. Elisa no tiene cuarto propio todavía, vivimos en un apartamento de una habitación y va a dormir con nosotros en su moisés al lado de la cama hasta que nos mudemos en diciembre. Pero todo lo que depende de una lista ya está hecho. Si alguien mirara nuestra vida esta semana 37 desde afuera, diría sin dudar que estamos preparados.
Y sin embargo.
Hace unos días estaba mirando a Nataly Buitrago y me pasó algo que no sé nombrar bien. No fue un pensamiento claro ni una emoción específica. Fue más parecido a caer en cuenta, de golpe, de que lo que viene no tiene manual. Que tener el coche de la bebé listo y la maleta empacada son una respuesta a una pregunta que nadie me hizo y que capaz no sea tan importante. La pregunta real es otra, y es la que todavía no sé responder: ¿En quién me voy a convertir cuando llegue Elisa? Y ojo, que no lo digo ni me la hago desde el miedo. Para nada. Creo que ya me conocen bien. Lo digo desde algo que se parece más a la curiosidad, o quizás a ese momento antes de un viaje largo en el que sabes que vas a volver siendo un poco distinto, pero todavía no sabes cómo. Y esa sensación, lejos de incomodarme, me parece una de las más honestas y gratificantes que he tenido en mucho tiempo.
Hemos comprado las cosas, hemos leído algunos libros, hemos tomado un par de clases prenatales los últimos fines de semana, hemos hablado con padres que ya pasaron por esto y por supuesto hemos tomado nota de lo que dicen. Todo eso tiene valor, no lo descarto. Pero ninguna de esas cosas toca lo que de verdad me pregunto cuando me quedo quieto: no qué voy a hacer diferente, sino quién voy a tener que ser. Qué cosas de las que hoy hago en automático van a tener que cambiar. Qué versión de mí mismo va a aparecer cuando no haya dormido bien, cuando el día se ponga difícil, cuando Elisa me necesite y yo no sepa exactamente qué hacer. Esa pregunta no la responde una lista. La responde la vida, poco a poco, con ella en brazos.
Y eso, curiosamente, no me angustia. Me parece uno de los pocos regalos reales de la vida que tiene algo así: que no puedes prepararte del todo. Que hay una parte del camino que solo existe cuando ya estás caminándolo. Vivimos acostumbrados a resolver las cosas antes de que pasen, a llegar listos, a no ser tomados por sorpresa. La paternidad parece ser de otra naturaleza. No te espera donde quieres estar. Te encuentra donde estás y te lleva a donde necesitas ir, con todo y la maleta a medio hacer por dentro.
Lo que más me ha sorprendido de estos meses no es lo que compramos ni lo que leemos. Es que la transformación ya empezó, antes de que Elisa llegue. Está en ese momento mirando a Nataly que no supe nombrar. Está en cómo pienso distinto algunas cosas, en cómo me importan diferente ciertas conversaciones, en cómo me detengo más en detalles que antes dejaba pasar. Algo ya se movió, silencioso, sin forzarlo demasiado. Y eso me parece una muy buena señal. Porque si ya estoy cambiando antes de que ella esté aquí, me imagino lo que va a pasar cuando la tenga en brazos por primera vez.
No sé exactamente qué tipo de padre voy a ser. Tengo valores claros, intenciones que quiero cuidar, cosas que no quiero repetir y cosas que sí quiero sostener. Pero entre lo que uno se propone y lo que termina siendo hay un tramo que solo se recorre después, con el tiempo y con ella. Y lejos de asustarme, ese tramo me entusiasma. Porque las cosas que más han valido la pena en mi vida tampoco las pude anticipar del todo. Llegaron, me encontraron, y me dejaron mejor de lo que me habían encontrado.
La maleta está lista. Yo, todavía no. Y por primera vez en mucho tiempo, eso me parece exactamente como debe ser.
Nos leemos el próximo jueves,
José Miguel Farías



Los amooo y estoy muy feliz de ser la abuela de Elisa. Paso a paso han construido un entorno maravilloso para ella y para todos los que tenemos la dicha de compartir está dulce espera. El caos y la incertidumbre de esta etapa colorean nuestra vida de esperanza y la llenan de recuerdos que nos levantan en los momentos más difíciles de la vida...el amor se abre camino y nos mantiene de pie a lo largo de nuestra vida. Serán unos padres geniales
Respondí el "correo" . No sé si te llegue así